Estimado señor presidente: 

Sin duda alguna, se ha ganado usted el derecho a celebrar este fin de año. 2018 ha sido un año muy exitoso para usted y, tal vez –sobre esto toda cautela es poca–, también para el país. Con la experiencia política limitada que podía tener a partir de haber ejercido la conducción de Moquegua, bien reconocida por muchos, hace ocho meses se hizo cargo de la presidencia de la república. Durante los tres primeros meses pareció que iba a mantener el manejo de su predecesor, PPK –incluso buscando un imposible acuerdo con la oposición fujimorista–, y las encuestas mostraron que lo respaldaba solo un tercio de los entrevistados. Seguramente, se dio cuenta de que ese rumbo no era el mejor, sobre todo porque usted buscaba legítimamente recoger otros dividendos.

Entonces, a comienzos de julio, se produjo ese remezón nacional desatado por la cascada de audios que mostraron las relaciones existentes entre políticos del fujimorismo –que entonces controlaba el Congreso–, autoridades del sistema de justicia, empresarios de dudosa legalidad y grupos del crimen organizado. La fuga de César Hinostroza confirmó la grave veracidad de las revelaciones. El malestar ciudadano creció al ritmo de las publicaciones y desembocó en una indignación generalizada.

Y, donde muchos solamente veían una profunda crisis sistémica de consecuencias impredecibles, usted supo distinguir una oportunidad extraordinaria. Tomó la iniciativa y, sin perder tiempo, lanzó la iniciativa de la reforma política y el referéndum. Más aún, cuando el Congreso remoloneó, acertó en mostrar la carta de la posible disolución y el llamado a elecciones parlamentarias. Tuvieron que dar trámite a la consulta popular y cuando buscaron abrir una puerta a la reelección vía Senado, usted la cerró llamando votar No a la cuarta pregunta.

Ganó todo, señor presidente. A comienzos de este mes, cuatro de cada cinco ciudadanos votaron tal como usted lo había pedido. Y, desde luego, su aprobación ha crecido en estos días hasta recabar la de dos de cada tres encuestados.

Con la oposición arrinconada y a la defensiva –literalmente, tratando de salir de diversas acusaciones–, algunos de sus dirigentes detenidos bajo cargos de corrupción y el fujimorismo en curso de desgranarse además de perder a quien eligieron para presidir el Congreso, 2019 no anticipa mayores dificultades políticas. Está usted en estado de gracia.

Y, en contra de diversos pronósticos, la economía sigue marchando bien. La CEPAL ha previsto que este año el crecimiento será de 3,9%. La conducción económica sigue mostrándose como ejemplar en la región. Tampoco en este frente hay nubarrones.

Entonces, señor presidente, las posibles dificultades de 2019 están en los riesgos que acechan en la administración del éxito. Tenga presente que se espera más de quien, se supone, más puede. Y usted, con el respaldo político, una oposición inválida y una economía relativamente próspera, tiene ahora la imagen de quien puede mucho.

Los ciudadanos esperan mucho de su gestión en los dos años y medio que tiene por delante. En la agenda de exigencias resaltan la lucha contra la inseguridad ciudadana y el combate a la corrupción. Pero, además de la reconstrucción del norte –que PPK le dejó como herencia envenenada–, hay múltiples asuntos que su gobierno debe atender, so pena de caer en el desprestigio de los anteriores. Y para entonces será tarde.

Además, señor presidente, están los suspicaces. Que consideran que el futuro del país depende de su nivel de institucionalidad y han empezado a preguntarse quién o quiénes, en verdad, deciden el rumbo político del país. Un informe de Ricardo Uceda acaba de hacer notar que las decisiones estratégicas del gobierno no son adoptadas por el Consejo de ministros, cuyos integrantes se enteran de ellas momentos antes de ser anunciadas públicamente. Entonces, los suspicaces se preguntan, ¿es usted solo, quien diseña y adopta la audaz y exitosa estrategia actual del gobierno, apoyándose solamente en “comisiones de notables” que nombra directamente para aconsejarlo? ¿Hay un grupo de asesores no identificados, que trabajan bajo control exclusivo del propio presidente? Estas preguntas no corresponden a mera curiosidad, señor presidente, sino a la preocupación por el grado de desinstitucionalización presente en un manejo gubernamental cuyo rumbo no depende de ninguna entidad visible y que rinda cuentas públicamente, tenga o no origen electoral.

Que la acción de persecución de delitos de corrupción esté centrada en adversarios políticos del gobierno, si bien parece fundada en datos y testimonios ciertos, alimenta sospechas. A los suspicaces llama la atención especialmente que, siendo así que algunos sujetos que no militan en la oposición también podrían ser comprendidos en las pesquisas, hasta ahora no hayan sido afectados por las investigaciones policiales o las averiguaciones de los fiscales a cargo. Tanto las medidas de detención en prisión preventiva contra Keiko Fujimori y su círculo de confianza, como las investigaciones fiscales sobre Alan García, parecen contar con buena base pero ¿acaso solo ellos están envueltos por el barro que surge inconteniblemente del escándalo Odebrecht?

Y en el combate declarado a la corrupción, señor presidente, es posible que usted haya traspasado una raya roja que importa desde el punto de vista institucional. Las sospechas sobre el gobierno han resultado reforzadas por algunas declaraciones suyas, acerca de lo que debe o no ocurrir en el Ministerio Público, que son inapropiadas si no impertinentes en un régimen de separación de poderes.

La selectividad en la investigación de la corrupción –sin duda muy extendida en el país y en el aparato del Estado– es vinculada por los suspicaces al hecho de que en estos meses usted ha estado en una suerte de campaña permanente. Piensan que con sus viajes a todo el país, puede haber iniciado una campaña electoral no declarada, que lo coloca en posición sobresaliente para presentar su candidatura presidencial en 2021, al tiempo de que sus posibles adversarios deben enfrentar a la justicia.

La falta de institucionalización en la actuación del gobierno y las posibles motivaciones electoralistas anticipadas son asuntos de relativa sofisticación, propios de politólogos y comentaristas. Si bien, en su momento, los especialistas abrirán una discusión acerca de la constitucionalidad de que, estando usted en ejercicio de la presidencia, postule como candidato, por ahora la agenda popular es otra. En 2019 lo que importa es la actuación del gobierno en la atención a las demandas ciudadanas.

Pero en esa actuación también tendrá que minimizar sospechas. Tendrá usted que demostrar de manera transparente, que aquello que le importa es el país y no su posible candidatura. Y al encarar su acción de gobierno, le convendrá tener presente que las expectativas que enfrenta –y que, en búsqueda del éxito, usted mismo contribuyó a incrementar– son muy altas. La satisfacción popular actual está, pues, cargada de esperanzas que, de no verse relativamente satisfechas, se volverán en contra suyo.

Con mis mejores deseos para el año que empieza, reciba un atento saludo.